Kavafiana

El deseo aparece de repente,
en cualquier parte, a propósito de nada.
En la cocina, caminando por la calle.
Basta una mirada, un ademán, un roce.
Pero dos cuerpos
tienen también su amanecer y su ocaso,
su rutina de amor y de sueños,
de gestos sabidos hasta el cansancio.
Se dispersan las risas, se deforman.
Hay cenizas en las bocas
y el íntimo desdén.
Dos cuerpos tienen su vida
y su muerte el uno frente al otro.
Basta el silencio.

María Mercedes Carranza

la taladrora

“nuestro álbum nupcial”,
pone.
lo hojeo.
duraron diez años.
fueron jóvenes una vez.
ahora duermo yo en su cama.
él la llama:
“quiero que me devuelvas la taladrora.
tenla preparada.
recogeré a los niños a las
diez”.
cuando llega espera afuera en
la puerta.
sus niños salen con
él.
ella vuelve a la cama
y yo estiro una pierna
la apoyo en la suya.
yo fui joven también.
las relaciones humanas sencillamente no son
duraderas.
recuerdo a las mujeres de
mi vida.
parecen inexistentes.
“¿ya tiene su taladrora?” pregunto.

“sí, ya tiene su taladrora”.

me pregunto si alguna vez tendré que volver
por mis pantalones
bermudas y mi disco
de la Academy of St. Martin in the
Fields. supongo que
sí.

Charles Bukowski
Traducción, Ciro Arbós

Aquí entre nos

Un día escribiré mis memorias, ¿quién
que se irrespete no lo hace? Y
allí estará todo. Estará el esmalte
de las uñas revuelto
con Pavese y Pavese con las agujas y
una que otra cuenta de mercado. Donde
debieran estar los pensamientos
sublimes pintaré
tus labios a punto de decirme
buenos días todos los días. Donde
haya que anotar lo más importante
recordaré un almuerzo
cualquiera llegando al corazón
de una alcachofa, hoja a hoja.
Y de resto,
llenaré las páginas que me falten
con esa memoria que me espera entre cirios,
muchas flores y descanse en paz.

María Mercedes Carranza