mi admiradora

di un recital el sábado pasado en los
bosques de secoyas a las afueras de Santa Cruz
y llevaba leídas 3/4 partes
cuando oí un largo alarido
y una joven muy
atractiva vino corriendo hacia mí
vestido largo & divinos ojos de fuego
y subió de un salto al estrado
y gritó: “¡TE DESEO!
¡TE DESEO! ¡TÓMAME! ¡TÓMAME!”
yo le dije, “mira, largo
de mi vista”.
pero ella seguía tirándome de la
ropa y echándose encima
de mí.
“¿dónde estabas”, le
pregunté, “cuando vivía
con una chocolatina al día y
enviaba relatos al
Atlantic Monthly?”
me agarró las pelotas y casi
me las arranca a pellizcos. sus besos
sabían a mierda enlatada.
dos mujeres saltaron al estrado
y
se la llevaron bosque
adentro.
aún podía oír los gritos
cuando empecé el siguiente poema.

tal vez, pensé, tendría que
haberla poseído en el estrado delante
de todas aquellas miradas.

pero uno nunca puede estar seguro
de si es la buena poesía o
una mala droga.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
Traducción de Ciro Arbós

*

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Las palabras exactas

Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de palabras
se acaban de decir. Un millón. Una sola.
El mundo se mueve, los ríos entran en la garganta de leones y antílopes,
el árbol crece, se reduce el anciano, la sangre se abre paso
a través de una piel joven, hogueras enormes se encienden en el este,
se inclinan los árboles por el peso de la nieve en el norte,
las focas avanzan como astillas que penetran la espalda de las aguas glaciales,
un hombre se arrodilla y utiliza palabras temblorosas
para decir una oración, nadie le escucha, él mismo no comprende lo dicho.
Todo avanza. Los días se repiten como el estribillo de una canción
y lo que cuenta ya ha sido contado antes.
El pasado dio un paso y me alcanzó.
La antigua constelación ha llegado por fin a la pupila del astrónomo.
Y aunque todo lo que partió de mí ha regresado a mí de muchas formas distintas,
nada puede explicarme ese rumor que avanza en lo subterráneo
como una colonia de hormigas que crece a través de lo que devora.
Nadie puede explicarme tampoco este instante más grande
ni puede darle un nombre a esta escena de siluetas que crecen sobre el polvo.
Esta noche la brisa en mi cabello también es un fantasma que me cuenta una historia
que no quiero escuchar: la de esos bellos muertos que también son mis muertos,
las siluetas atrás tiradas como arbustos en la niebla nocturna.
Un millón de ventanas acaban de cerrarse y otro millón de abrirse.
Sobre esta calle larga camino. Nada existe
de lo que me rodea. El mundo es una sombra que envuelve mi cabeza.

Jorge Galán

*

la abeja

supongo que como cualquier otro niño
tenía un íntimo amigo en el barrio.
se llamaba Eugene y era más alto
que yo y un año mayor.
Eugene solía darme unas buenas panas.
estábamos siempre peleando.
yo seguía desafiándolo pero sin mucho
éxito.

una vez saltamos juntos desde el tejado de un garaje
para demostrar nuestras agallas.
yo me doblé el tobillo y el salió airoso
como mantequilla recién empaquetada.

supongo que lo único bueno que hizo nunca por mí
fue cuando me picó la abeja estando descalzo
y mientras yo me sentaba y sacaba el aguijón
él dijo,
“¡voy a agarrar a esa hija de puta!”

y lo hizo
con una raqueta de tenis
más un martillo de goma.
ya daba igual
dicen que se mueren
de todas formas.

el pie se me hinchó al doble de su tamaño
y me quedé en cama
implorando la muerte

y Eugene llegó a hacerse
Almirante o Comandante
o algo gordo en la Marina de los Estados Unidos
y pasó por una o dos guerras
sin caer herido.

ahora lo imagino un hombre mayor
en una mecedora
con su dentadura postiza
y un vaso de suero de leche….

mientras, borracho
yo le hago con un dedo a una admiradora de 19 años
en la cama conmigo.

pero lo peor es que
(como cuando saltamos del tejado del garaje)
Eugene vuelve a ganar
porque él ni siquiera está pensando
en mí.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
Traducción de Ciro Arbós

*