Cuando escribo sentada en el sofá

                                A la memoria de mi padre, quien
                               me enseñó las primeras palabras
                               y también las últimas.

 

(Arte poética)

 

Igual que la imagen de mi cara en el espejo
me recuerda cómo me ve la luz,
en mis palabras busco oír el sonido
de las aguas estancadas, turbias
de raíces y fango, que llevo dentro.

No eso, sino quizás un recuerdo:
¿volver a estar en uno de aquellos días
en los que todo brillaba, las frutas en el frutero,
las tardes de domingo y todavía el sol?
El golpe en la escalera de los pasos
que llegaban hasta mi cama en la pieza oscura
como disco rayado quiero oír en mis palabras.
O tal vez no sea eso tampoco:
solo el ruido de nuestros dos cuerpos
girando a tientas para sobrevivir apenas
el instante.

Yo escribo sentada en el sofá
de una casa que ya no existe, veo
por la ventana un paisaje destruido también;
converso con voces
que tienen ahora su boca bajo tierra
y lo hago en compañía
de alguien que se fue para siempre.

Escribo en la oscuridad,
entre cosas sin forma, como el humo que no
vuelve,
como el deseo que comienza apenas,
como un objeto que cae: visiones de vacío.

Palabras que no tienen destino
y que es muy probable que nadie lea
igual que una carta devuelta. Así escribo.

María Mercedes  Carranza

*

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chicas con pantimedias

colegialas con pantimedias
sentadas en la parada del autobús
que parecen cansadas a los 13
con los labios pintados de frambuesa.
hace calor al sol
y el día en el colegio ha sido
aburrido, y volver a casa es
aburrido, y
yo paso por delante en coche
escudriñando sus tibias piernas.
ellas desvían la
mirada-
han sido prevenidas
contra los viejos machos desalmados y
salidos; no están dispuestas
a ofrecerse sin más.
pero también es aburrido
esperar a que pasen los minutos en
la parada y los años en
casa, y los libros que
llevan son aburridos y la comida
que comen es aburrida, e incluso
los viejos machos desalmados y salidos
son aburridos.
las chicas con pantimedias esperan,
esperan el tiempo y l momento
adecuados, y entonces se pondrán en marcha
y entonces conquistarán.

yo paso en mi coche
mirando furtivamente sus piernas
feliz porque nunca seré
parte de su cielo ni de
su infierno. ¡pero ese carmín
escarlata en esas tristes bocas
expectantes! sería agradable
besar cada boca una vez, plenamente,
y luego devolvérsela.
pero el autobús se
las llevara primero.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
poemas 1974-1977, traducción de Ciro Arbós

Jugando a las escondidas

                             “Tengo que pensar que todo lo que me sucede es mi vida”
                                                                                                          Mónica Viti

 

Al comienzo la llorarán mucho.
Habrá novena, misas cantadas
con diáconos y cuatro curas.
El luto adornará a los parientes
que entre lágrimas verán su vida como una hazaña.
Será gran señora, incomparable esposa,
dilecta amiga, pozo de gracia,
de virtudes y dones.
El vacío que dejará en la sociedad
no podrá llenarse aunque lo intenten.
Se conservarán igual que reliquias
cadejos de pelo.
Y hasta habrá manos
que echen de menos otras manos.
Con los años será la abuela
que hay que pasar a un osario
y luego la foto en cualquier rincón de la casa
que nadie sino de lejos sabe
a quien retrata. Finalmente nada.

María Mercedes Carranza

*