tarde

Sobre la muerte sin exagerar

No entiende de bromas,
de estrellas, de puentes,
de tejer, de minería, de cultivar la tierra,
de construir buques, de hacer pasteles.

En nuestras conversaciones sobre los planes de futuro
mete su última palabra,
fuera de lugar.

No sabe ni de aquello
directamente relacionado con su profesión:
ni cavar una tumba,
ni improvisar un ataúd,
ni recogerlo todo después de trabajar.

Ocupada en matar,
lo hace torpemente,
sin sistema, sin habilidad.
Como sin con cada uno de nosotros apenas si empezara a aprender.

De acuerdo, tiene éxitos,
pero ¡cuántos fracasos,
cuántos golpes fallidos
y cuántos nuevos intentos!
A veces le faltan las fuerzas
para derribar una mosca en el aire.
Con más de una oruga
pierde la carrera de arrastrarse.

Todos estos tubérculos, vainas,
tentáculos, aletas, tráqueas,
plumas de celo y pelo de invierno
dan fe de los atrasos
en su desganado trabajo.

No bastan las malas intenciones,
e incluso nuestra ayuda con guerras y revueltas
es, por ahora, insuficiente.

Los corazones golpean en los huevos.
Crecen los esqueletos de los bebés.
Las semillas consiguen sus dos primeras hojas,
y con frecuencia llegan a ser incluso altos árboles en el horizonte.

El que afirma que es omnipotente
es una viva muestra
de que no es omnipotente.

No hay vida
que no sea, aunque sólo un instante,
inmortal.

La muerte
siempre llega ese instante más tarde.
En vano sacude el picaporte
de una invisible puerta.
Lo que alguien haya logrado,
eso, ya no se lo puede quitar.

Wislawa Szymborska

Del libro, Gente en el puente (1986)
Traducción, Abel A. Murcia

*

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Amor de tarde

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme “¿Qué tal?” y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

Mario Benedetti

Demasiado tarde

Yo era lento de desarrollo
me volví bueno demasiado tarde:
la secundaria había pasado,
era verano
sin trabajo
y mi padre mirándome
por sobre los platos
en la comida.
Durante el día solía
rondar por las canchas
“Oigan, ¿alguno quiere
jugar al fútbol? ¿béisbol?”
de vez en cuando juntaba
algunos tipos y entonces
me veía bien:
podía empolvar la pelota
mejor que nadie,
podía hacer imposibles atrapadas,
elegantemente sobre mi
hombro.
en el fútbol
era el mejor corredor
de medio campo del
barrio –
-me reía de ellos
mientras
hacía gambetas
mientras las chicas y la gente del barrio
aplaudían mi
maestría.
pero los muchachos
ya no querían jugar
más: “escucha, Hank,
tenemos cosas que
hacer.
¿por qué no juntabas
equipos
cuando estabas aún
en el colegio?”
entonces se iban
y la gente se iba
y yo me quedaba
en la vacía
cancha
solo.
entonces volvía
a la casa y
volvía a mi padre
que me observaba por sobre
su plato de comida:
“bien, hijo, ¿qué has hecho
hoy?, ¿has encontrado
trabajo?
me tendría que haber visto
con todas esas chicas
gritando.
no se daba cuenta
con quién
estaba sentado
a la mesa.

Charles Bukowski