sueños

ORACIÓN

Para mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños
sino ganas de soñar.
Para las noches,
toda la oscuridad que sea necesaria
para ahogar mi propia oscuridad.

Piedad Bonnett

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EL GRAN NÚMERO

Cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra,
y mi imaginación es la que era.
No se le dan bien los grandes números.
Sigue conmoviéndola lo particular.
Vuela en la penumbra cual luz de linterna,
revela sólo los primeros rostros de la fila,
mientras el resto se pierde en el abismo ciego,
en el no pensamiento, en el no olvido.
Pero esto, ni el mismo Dante lo detendría.
Y qué decir cuando una no lo es,
aun con todas las musas a mi lado.

non omnis moriar -pena prematura.
Pero, ¿acaso vivo entera?, ¿y si esto basta?
Nunca ha bastado, mucho menos ahora.
Elijo rechazando pues no hay otra manera,
pero lo que rechazo es más numeroso,
más espeso, más insistente que nunca.
A costa de pérdidas indescriptibles, un poemita, un suspiro.
A una llamada estruendosa respondo con un susurro.
Cuánto silencio, no lo contaré.
Un ratón al pie de su montaña materna.
La vida dura unas pocas huellas de uña sobre la arena.

Mis sueños, incluso, no son, como debieran, populosos.
Hay más soledad en ellos que multitudes y jaleo.
A veces pasa un momento alguien ya difunto.
Una sola mano mueve el pomo.

La casa vacía se cubre de anexos de eco.
Desde el umbral bajo corriendo al valle
silencioso, como de nadie, ya anacrónico.

De dónde aún este espacio dentro de mí.
No lo sé.

Wislawa Szymborska

Del libro, El gran número fin y principio y otros poemas
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz

Salmodia*, sin gracia ni ritmo

Sé muchas cosas alrededor
de mí. Sé que yo no me visto
de crepúsculos para dormir. Añoro
esas viejas andanzas de tanto
vate* insigne*. Más sin embargo
sólo me pongo la piyama
y un par de medias en los pies.
Tampoco veo cosas misteriosas,
ni las intuyo, ni me importan.
Me basta con que el cielo siga
todos los días, sin más perendengues,
y que tus caricias sean eso
y no vehículos para llegar
a las esferas celestiales. Juro
que Dios, Libertad y otros no son más
que la estupidez, diaria de tener
que vivir cansada y de no llegar
a conocerlos nunca, que son palabras
con mayúscula y objeto
de gente sin oficio. Y cómo no,
reconozco que me gusta el aguardiente
y no los néctares sagrados.
Después de todo,
malvivo mi vida, como usted.

María Mercedes Carranza

Del libro, VAINAS Y OTROS POEMAS
1968-1972

*Salmodia: música con que se acompañan los salmos.
*Vate: poeta, adivino.
*Insigne: celebre, famoso.

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