sólo

Me he vuelto a acordar de ti

Hoy me he despertado a las nueve he desayunado café, zumo, tostadas y me he vuelto a acordar de ti.

Luego bajé al perro a la calle, limpié su mierda y me sonreí pensando que le cuido mucho más que a mí. Pasé por la esquina donde solía dejarte por las mañanas, tú al metro, yo a la academia y me he vuelto a acordar de ti.

He mirado mi reflejo en los escaparates, joder, qué ojeras más feas, pensé en que si aún había alguna posibilidad con esta cara dejaría de haberla y he vuelto a pensar ti.

Como se me caía la casa encima volví a bajar al perro un rato después, caminé con él hacia el parque y me encontré allí con una chica que también paseaba a su perro. Y no me acorde de ti  sino que intente pedirle su número para intentar follármela. Cuando me dijo que de teléfono nada me he vuelto a acordar de ti, del modo en que me decías que me faltaba sutileza, del modo en que trato de borrarte y me volví aún más solo entonces.

Hoy me he acordado unas cincuenta veces de ti, en la ducha, en los libros, en la llave del gas, en el cortaúñas, en las vueltas de la lavadora, en las canciones de la radio, en el portal al irme y al volver y en algunas ocasiones más que no recuerdo.

Como ves no vas a librarte de mí tan fácilmente. Me insistes en que te olvide y lo llevas claro. Si de verdad quieres que deje de esperarte solo tienes que hacer una cosa: decirme que volvamos a intentarlo. Solo así tendré un miedo más grande aún al miedo que me da que te hayas ido: miedo a que te quedes.

Marwan

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La suplicante

I

Concédeme esos cielos, esos mundos dormidos,
el peso del silencio, ese arco, ese abandono,
enciéndeme las manos,
ahóndame la vida
con la dádiva dulce que te pido.

Dame la luz sombría, apasionada y firme
de esos cielos lejanos, la armonía
de esos mundos sellados,
dame el límite mudo, el detenido
contorno de esas lunas de sombra,
su contenido canto.

Tú, el negado, da todo,
tú, el poderoso, pide,
tú, el silencioso, dame la dádiva dulcísima
de esa miel inmediata y sin sentido.

II

Estás solo, lo mismo.
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
soy para ti como otra oscuridad, otra noche,
anticipo de la muerte,
lo que en el día frío el hombre espera, aguarda,
y llega y él se entrega a la noche, a una boca,
y el olvido total lo ciega y lo anonada.

Sin límites la noche,
pura, despierta, sola,
solícita al amor, ángel de todo gesto…

Estás solo, lo mismo.
Ebrio, lúcido, azul, olvidado del alma,
concédete a la hora.

III

Esta sazón de fruta que tú me diste, esta
llamarada de luna, durable miel inmóvil,
te sitúa y te acerca,
amigo de la noche, sagrado camarada
de las horas de amor y de silencio.

Sin luz, apenas, sin aliento,
sueño
ese incienso divino que me quemas,
sueño ascendiendo abismo con vértigos de sombra,
náufrago en la caricia, alta marea muda.
Ya velado tu rostro entre líneas de niebla
los ojos se te ahogan en climas de delicia
y rueda por la noche tu pensamiento inerte,
entonces el deseo sube como una luna,
como una pura, rara, melancólica,
clara,
luna definitiva, peldaño de la muerte.
Vas derramando oro,
vas alzando ceniza,
vas haciendo palomas de los tallos sensibles,
y nubes de ceniza que se deshacen sobre
la caricia que crece.

Idea Vilariño
(1944)

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