puertas

Las palabras exactas

Diez millones de puertas acaban de cerrarse. Un millón de palabras
se acaban de decir. Un millón. Una sola.
El mundo se mueve, los ríos entran en la garganta de leones y antílopes,
el árbol crece, se reduce el anciano, la sangre se abre paso
a través de una piel joven, hogueras enormes se encienden en el este,
se inclinan los árboles por el peso de la nieve en el norte,
las focas avanzan como astillas que penetran la espalda de las aguas glaciales,
un hombre se arrodilla y utiliza palabras temblorosas
para decir una oración, nadie le escucha, él mismo no comprende lo dicho.
Todo avanza. Los días se repiten como el estribillo de una canción
y lo que cuenta ya ha sido contado antes.
El pasado dio un paso y me alcanzó.
La antigua constelación ha llegado por fin a la pupila del astrónomo.
Y aunque todo lo que partió de mí ha regresado a mí de muchas formas distintas,
nada puede explicarme ese rumor que avanza en lo subterráneo
como una colonia de hormigas que crece a través de lo que devora.
Nadie puede explicarme tampoco este instante más grande
ni puede darle un nombre a esta escena de siluetas que crecen sobre el polvo.
Esta noche la brisa en mi cabello también es un fantasma que me cuenta una historia
que no quiero escuchar: la de esos bellos muertos que también son mis muertos,
las siluetas atrás tiradas como arbustos en la niebla nocturna.
Un millón de ventanas acaban de cerrarse y otro millón de abrirse.
Sobre esta calle larga camino. Nada existe
de lo que me rodea. El mundo es una sombra que envuelve mi cabeza.

Jorge Galán

*

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Sobre todo

Es en tardes bobas o en mañanas descabelladas
cuando profano el acuerdo tácito
de percibir al día y a las gentes
y a las cosas inservibles de plástico rojo
como de pequeño me enseñaron a percibirlas
un padre simple una mamá conforme
y un rebaño de maestros obtusos y ciegos.

El sueño de cordura y sensatez se diluye de pronto
en una vorágine de sinrazón de la que
nadie sale bien librado: El autobús es tan irracional
como el ticket de la compra o mi colección de camisetas negras;
Tan extravagante el señor que me vende tabaco
como mi amiga del alma.

La normalidad se me derrite como un helado de piña
del que todos maman y que yo ya no atino ni a olisquear:
Soy el único que puede ver a los marcianos y estoy solo:
Si hablara me encerrarían y tirarían la llave al río.

Quedo entonces de pie pasmado
chupando de un cigarrillo ilógico
entretanto en mis tripas se revuelven
las preguntas que hasta entonces logré amansar
dándoles tontería y cerveza y algún polvo ocasional:
como cuándo dónde porqué y sobre todo para qué.

Sobre todo para qué todo.

Sergi Puertas

*

espacio de reposo

Tienes que tenerlo o las paredes se te vienen
encima.
tienes que renunciar a todo, tirarlo por
la borda, todo por la borda.
tienes que mirar lo que miras
o pensar lo que piensas
o hacer lo que haces
o
no haces
sin considerar el beneficio
personal
sin aceptar directrices.

la gente está desgastada de
bregar,
se refugia en el hábito
cotidiano.
sus desvelos son los desvelos
del rebaño.

pocos tienen la capacidad de quedarse
observando un zapato viejo
diez minutos
o de pensar cosas extrañas
como quien inventó el
pomo de las puertas.

se vuelven pasmarotes
porque son incapaces de
reposarse
deshacerse
desenredarse
dejar de ver
desaprender
tomar distancia.
escucha su risa
falsa, y luego
aléjate.

Charles Bukowski
*