poetry

Ganancias y pérdidas

Vuelvo a mentir con gracia,
me inclino respetuoso ante el espejo
que refleja mi cuello y mi corbata.
Creo que soy ese señor que sale
todos los días a las nueve.
Los dioses están muertos uno a uno en largas filas
de papel y cartón.
No extraño nada, ni siquiera a ti
te extraño. Siento un hueco, pero es fácil
un tambor: piel a los dos lados.
A veces vuelves en la tarde, cuando leo
cosas que tranquilizan: boletines,
el dólar y la libra, los debates
de Naciones Unidas. Me parece
que tu mano me peina. ¡No te extraño!
Sólo cosas menudas de repente me faltan
y quisiera buscarlas: el contento,
y la sonrisa, ese animalito furtivo
que ya no vive entre mis labios.

Julio Cortázar

*

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allí dentro

Si algún lugar se merece un homenaje son los asientos de atrás de un coche. Allí, en ese pequeño rectángulo de gomaespuma forrada, encontraron refugio una infinidad de amantes antes de que fuera posible disponer de un colchón. Allí dentro se encontraron jóvenes inexpertos repitiendo una y otra vez esas noches que no se pueden repetir. Allí se dijeron las palabras más bellas y se desbordaron las caricias de las manos. Allí dentro el amor fue fabricando el vaho de las ventanas y unos dedos torpes aprendieron a desabrochar un sostén en la oscuridad. Allí dentro se alejaban de las luces de la ciudad, fuera de las líneas trazadas por los edificios hacia esos lugares que no aparecen en los mapas de los callejeros, buscando un trozo de cielo. Allí dentro también encontramos refugio tú y yo y allí dentro comprendí que el paraíso consistía en un Ford Escort y unos hombros de mujer.

Marwan

*

TERMÓMETRO

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
las moscas de la fruta con ojos
estériles
de un gris naranja
se quedan mirándome
mientras sueño con mujeres imposibles de color lavanda
hermosas
como la inmoralidad

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo leo The New York Times
las arañas se pelean con las hormigas en las sombrías raíces
de la hierba
y las putas alzan sus manos al cielo pidiendo
amor
mientras los ratones blancos
se aprietan los unos con los otros discutiendo
sobre un trozo de queso

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo pienso en Cartago y en Roma y
en Berlín
pienso en jovencitas cruzando sus
piernas de nylon en la parada del autobús

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
me levanto de la silla para beber agua
en una plácida tarde
y me pregunto por el agua
me pregunto por mí,
un cálido preguntarse como un termómetro cálido
que sube como una mariposa
en una destilada tarde de un amarillo pálido
y después vuelvo andando
y me siento en la silla y no pienso más
-me refiero a la tensión de escalerillas rotas y viejas
películas de guerra-
dejo que todo
arda.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
Edic. de J. M. Moreno Carrascal

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