poesía

TERMÓMETRO

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
las moscas de la fruta con ojos
estériles
de un gris naranja
se quedan mirándome
mientras sueño con mujeres imposibles de color lavanda
hermosas
como la inmoralidad

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo leo The New York Times
las arañas se pelean con las hormigas en las sombrías raíces
de la hierba
y las putas alzan sus manos al cielo pidiendo
amor
mientras los ratones blancos
se aprietan los unos con los otros discutiendo
sobre un trozo de queso

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo pienso en Cartago y en Roma y
en Berlín
pienso en jovencitas cruzando sus
piernas de nylon en la parada del autobús

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
me levanto de la silla para beber agua
en una plácida tarde
y me pregunto por el agua
me pregunto por mí,
un cálido preguntarse como un termómetro cálido
que sube como una mariposa
en una destilada tarde de un amarillo pálido
y después vuelvo andando
y me siento en la silla y no pienso más
-me refiero a la tensión de escalerillas rotas y viejas
películas de guerra-
dejo que todo
arda.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
Edic. de J. M. Moreno Carrascal

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FANTASMAGORÍA

El amor nace y muere
dentro del pecho,
habita en los cuadernos,
en las sábanas manchadas de sexo,
en la primera luz del día.
Sale a las calles
a gritar
con nombre propio
auxilio,
ayuda,
amor;
pero siempre regresa
como un hijo pródigo
y te espera
al final del pasillo
para pedirte explicaciones
o en su defecto
perdón.

Lena Carrilero

*

Mientras haces cualquier cosa

Mientras haces cualquier cosa,
alguien está muriendo.

Mientras te lustras los zapatos,
mientras odias,
mientras le escribes una carta prolija
a tu amor único o no único.

Y aunque pudieras llegar a no hacer nada,
alguien estaría muriendo,
tratando en vano de juntar todos los rincones,
tratando en vano de no mirar fijo a la pared.

Y aunque te estuvieras muriendo,
alguien más estaría muriendo,
a pesar de tu legítimo deseo
de morir un minuto con exclusividad.

Por eso, si te preguntan por el mundo,
responde simplemente: alguien está muriendo.

Roberto Juarroz

Del libro, Poesía vertical
(1958)

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