poemas

la abeja

supongo que como cualquier otro niño
tenía un íntimo amigo en el barrio.
se llamaba Eugene y era más alto
que yo y un año mayor.
Eugene solía darme unas buenas panas.
estábamos siempre peleando.
yo seguía desafiándolo pero sin mucho
éxito.

una vez saltamos juntos desde el tejado de un garaje
para demostrar nuestras agallas.
yo me doblé el tobillo y el salió airoso
como mantequilla recién empaquetada.

supongo que lo único bueno que hizo nunca por mí
fue cuando me picó la abeja estando descalzo
y mientras yo me sentaba y sacaba el aguijón
él dijo,
“¡voy a agarrar a esa hija de puta!”

y lo hizo
con una raqueta de tenis
más un martillo de goma.
ya daba igual
dicen que se mueren
de todas formas.

el pie se me hinchó al doble de su tamaño
y me quedé en cama
implorando la muerte

y Eugene llegó a hacerse
Almirante o Comandante
o algo gordo en la Marina de los Estados Unidos
y pasó por una o dos guerras
sin caer herido.

ahora lo imagino un hombre mayor
en una mecedora
con su dentadura postiza
y un vaso de suero de leche….

mientras, borracho
yo le hago con un dedo a una admiradora de 19 años
en la cama conmigo.

pero lo peor es que
(como cuando saltamos del tejado del garaje)
Eugene vuelve a ganar
porque él ni siquiera está pensando
en mí.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
Traducción de Ciro Arbós

*

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un poema desagradable

siguen escribiendo
bombeando poemas-
jóvenes y profesores universitarios
esposas que beben vino toda la tarde
mientras sus maridos trabajan,
siguen escribiendo
los mismos nombres en las mismas revistas
todos escribiendo un poco peor cada año,
sacando una recopilación de poesías
y bombeando más poemas
es como un concurso
es un concurso
pero el premio es invisible.

 

no escribirán relatos ni artículos
ni novelas
sólo siguen
bombeando poemas
cada cual sonando más y más parecido a los otros
y menos y menos a sí mismo,
y algunos de los jóvenes se cansan y abandonan
pero los profesores nunca abandonan
y las esposas que beben vino por las tardes
nunca jamás abandonan
y llegan nuevos jóvenes con nuevas revistas
y hay algo de correspondencia entre poetas hombres o mujeres
y algunos polvos
y todo es exagerado y tedioso.

 

cuando les devuelven los poemas
los pasan a máquina de nuevo
y los mandan a la siguiente revista del directorio,
y dan recitales
todos los recitales que pueden
gratis la mayoría de las veces
esperando que alguien por fin comprenda
por fin aplauda
por fin los felicite y reconozca su
talento
están todos tan seguros de su genio
dudan tan poco de sí mismos,
y la mayoría vive en North Beach o Nueva York,
y sus caras son como sus poemas:
parecidas,
y se conocen entre ellos y
se juntan y odian y admiran y eligen y descartan
y siguen bombeando más poemas
más poemas
el concurso de los pelmazos:
tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac…

Charles BUkowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
traducción de Ciro Arbós

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