número

Poemas de amor, 13

Primero está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original –contigo mismo–.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.

Darío Jaramillo Agudelo

Del libro, Poemas de amor (1986)

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EL GRAN NÚMERO

Cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra,
y mi imaginación es la que era.
No se le dan bien los grandes números.
Sigue conmoviéndola lo particular.
Vuela en la penumbra cual luz de linterna,
revela sólo los primeros rostros de la fila,
mientras el resto se pierde en el abismo ciego,
en el no pensamiento, en el no olvido.
Pero esto, ni el mismo Dante lo detendría.
Y qué decir cuando una no lo es,
aun con todas las musas a mi lado.

non omnis moriar -pena prematura.
Pero, ¿acaso vivo entera?, ¿y si esto basta?
Nunca ha bastado, mucho menos ahora.
Elijo rechazando pues no hay otra manera,
pero lo que rechazo es más numeroso,
más espeso, más insistente que nunca.
A costa de pérdidas indescriptibles, un poemita, un suspiro.
A una llamada estruendosa respondo con un susurro.
Cuánto silencio, no lo contaré.
Un ratón al pie de su montaña materna.
La vida dura unas pocas huellas de uña sobre la arena.

Mis sueños, incluso, no son, como debieran, populosos.
Hay más soledad en ellos que multitudes y jaleo.
A veces pasa un momento alguien ya difunto.
Una sola mano mueve el pomo.

La casa vacía se cubre de anexos de eco.
Desde el umbral bajo corriendo al valle
silencioso, como de nadie, ya anacrónico.

De dónde aún este espacio dentro de mí.
No lo sé.

Wislawa Szymborska

Del libro, El gran número fin y principio y otros poemas
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz

Chau número tres

Te dejo con tu vida
Tu trabajo
Tu gente
Con tus puestas de sol
Y tus amaneceres

Sembrando tu confianza
Te dejo junto al mundo
Derrotando imposibles
Segura sin seguro

Te dejo frente al mar
Descifrándote sola
Sin mi pregunta a ciegas
Sin mi respuesta rota

Te dejo sin mis dudas
Pobres y malheridas
Sin mis inmadureces
Sin mi veteranía

Pero tampoco creas
A pie juntillas todo
No creas nunca creas
Este falso abandono

Estaré donde menos
Lo esperes
Por ejemplo
En un árbol añoso
De oscuros cabeceos

Estaré en un lejano
Horizonte sin horas
En la huella del tacto
En tu sombra y mi sombra

Estaré repartido
En cuatro o cinco pibes
De esos que vos mirás
Y enseguida te siguen

Y ojalá pueda estar
De tu sueño en la red
Esperando tus ojos
Y mirándote.

Mario Benedetti