mujer

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,
pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras,
la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte
para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad,
las galería de las bibliotecas
las cosas comunes,
los hábitos
el joven amor de mi madre,
la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal,
el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo,
es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por la ventana,
pero la sombra no ha traído la paz.
Es ya lo se, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria
el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías,
con su pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

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ENVIDIA DEL PENE

Envidio a los hombres que pueden anhelar
con infinita vaciedad
el cuerpo de una mujer,
que esperan que su anhelo
haga un niño,
que su oquedad misma
fertilice lo oscuro.

Las mujeres no se hacen ilusiones sobre esto,
ya que son a la vez
casas y túneles,
copas y las que escancian el vino,
ya que conocen el vacío como estado temporal
entre dos plenitudes,
y no ven en ello ningún romance.

Si yo fuera hombre,
condenado a esa infinita vaciedad,
y no teniendo alternativa,
encontraría, como los otros, sin duda,
una mujer
para bautizarla Vientre de Luna,
Madona, Diosa del Cabello de Oro
y hacerla tienda de mi deseo,
paracaídas de seda de mi lujuria,
icono ojiazul de mi sagrada comezón sexual,
madre de mi hambre.

Pero ya que soy mujer,
debo no sólo inspirar el poema
sino también escribirlo a máquina,
no sólo concebir al niño
sino también darlo a luz,
no sólo dar a luz al niño
sino también bañarlo,
no sólo bañar al niño
sino también alimentarlo,
no sólo alimentar al niño
sino también llevarlo
a todas partes, a todas partes…

mientras que los hombres escriben poemas
sobre los misterios de la maternidad.

Érica Jong

Traducción de Beth Miller

*

la araña

y luego está aquella vez en
Nueva Orleans
vivía con una mujer gorda,
Marie, en el Barrio Francés
y me puse muy enfermo.
ella estaba en el trabajo
me puse de rodillas
en la cocina
aquella tarde y
recé. yo no era un
hombre religioso
pero la tarde era muy oscura
y recé:
“Querido Dios: si me dejas vivir,
te prometo que no volveré a probar
la bebida”.
me arrodillé y fue como en
una película-
cuando terminé de rezar
las nubes se dispersaron y el sol se filtró
por las cortinas
cayendo sobre mí.
entonces me levanté y fui a cagar.
había una araña grande en el baño de Marie
pero cagué de todas formas.
una hora más tarde empecé a sentirme mucho
mejor. di un paseo por el barrio
sonriendo a la gente.
pasé por el supermercado a comprar una docena
de cervezas para Marie.
empecé a sentirme tan bien que una hora más tarde
estaba en la cocina abriendo
una de las cervezas.
me la bebí y luego otra
y luego fui y
maté a la araña.
cuando Marie volvió de trabajar le di un beso,
después estuvimos hablando en la cocina
mientras ella hacía la cena.
me preguntó qué había hecho ese día
y yo le dije que había matado a la
araña. no se
enfadó. era buena
gente.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
poemas 1974-1977. Traducción de Ciro Arbós

*