muerto

VISTO DESDE ARRIBA

EN EL SENDERO YACE UN ESCARABAJO MUERTO.
Dobló cuidadosamente tres pares de patitas sobre el abdomen.
En lugar del desorden de la muerte: elegancia y orden.
El horror de esta imagen es moderado,
su alcance estrictamente local: de la grama a la menta.
La tristeza no se contagia.
El cielo es azul.

Para tranquilidad nuestra, los animales tienen aparentemente una muerte
más superficial, no fallecen, simplemente mueren,
perdiendo –así queremos creerlo— menos conciencia y menos mundo,
abandonando –así nos parece— un escenario menos trágico.
Sus pequeñas y humildes almas no nos espantan por la noche,
guardan las distancias,
saben qué son las mores.

Y así este escarabajo muerto en el camino,
en un estado para no echarse a llorar, reluce al sol.
Basta tanto pensar en él como verlo:
parece que no le haya pasado nada importante.
Lo importante está relacionado supuestamente con nosotros.
Por la vida, sólo la nuestra, sólo nuestra muerte,
una muerte que goza de una preferencia arrebatada.

Wislawa Szymborska

Del libro, “El gran número (1976)
Traducción, Abel A. Murcia

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Vivo o muerto

Nunca es tarde para la fama
y si la popularidad
no se te pone a tiro en vida
siempre te queda aguardar a última hora
y engrosar con tu cadáver
alguna cifra estelar de muertos:
Un fallecimiento en cama
te relega al ostracismo
y en cambio las páginas de sucesos
son de las más disfrutadas.

Elige no obstante bien tu catástrofe.
Gana dineros primero, viaja a occidente.
Hazte con
una rubia con un deportivo malgasta sé feliz
porque como sigas ejerciendo
de muerto de hambre en África
te me vas a ir
en el silencio de una estadística de pobres, amigo
y tú ya sabes:
Esas cosas
no
son populares.

Sergi Puertas

A Asunción

Mire usted, Asunción: aunque algún ángel
metiéndose envidioso,
conciba allá en el cielo el mal capricho
de venir por la noche a hacerle el oso
y en un acto glorioso
llevársela de aquí, como le ha dicho
no sé qué nigromante misterioso,
no vaya usted, por Dios, a hacerle caso,
ni a dar con el tal ángel un mal paso;
estése usted dormida,
debajo de las sábanas metida,
y deje usted que la hable
y que la vuelva a hablar y que se endiable,
que entonces con un dedo
puesto sobre otro en cruz, ¡afuera miedo!

No vaya usté a rendirse
ante el ruego o las lágrimas y a irse…
que donde usted nos deje
por seguir en el vuelo a su Tenorio,
después irá a llorar al purgatorio
sin tener quien la mime, aunque se queje…

Conque mucho cuidado
si siente usted un ángel a su lado,
que yo, como su amigo,
con tal que usted, Asunción, me lo permita,
le aconsejo y le digo
que después de Rosario y Margarita
no admita usted más ángeles consigo.

Estése usted con ellas
compartiendo delicias e ilusiones
todas las horas tienen que ser bellas;
viva usted muchos años
(como un humilde criado le diría)
y mañana que sola o entre extraños
se encuentre por desgracia en este día,
si busca usted un alma que la ame,
llame usted a mi pecho, y conque llame,
si no estoy muerto encontrará la mía.

Manuel Acuña

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