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Gatos (palabras para hablar de los gatos)

Palabras para hablar de los gatos:
no hay palabras para hablar de los gatos.
Las palabras no abarcan a los gatos.
Los gatos son indiferentes
con los seres que hablan.
Un ladrido puede molestarlos
y un estruendo asusta a los gatos.
Pero los gatos no oyen las palabras,
no les interesa nada que pueda decirse con palabras.
¿Para qué las palabras si hay olfato,
para qué las palabras
si es posible el silencio?

Darío Jaramillo Agudelo

Del libro, Gatos

*

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un poema desagradable

siguen escribiendo
bombeando poemas-
jóvenes y profesores universitarios
esposas que beben vino toda la tarde
mientras sus maridos trabajan,
siguen escribiendo
los mismos nombres en las mismas revistas
todos escribiendo un poco peor cada año,
sacando una recopilación de poesías
y bombeando más poemas
es como un concurso
es un concurso
pero el premio es invisible.

 

no escribirán relatos ni artículos
ni novelas
sólo siguen
bombeando poemas
cada cual sonando más y más parecido a los otros
y menos y menos a sí mismo,
y algunos de los jóvenes se cansan y abandonan
pero los profesores nunca abandonan
y las esposas que beben vino por las tardes
nunca jamás abandonan
y llegan nuevos jóvenes con nuevas revistas
y hay algo de correspondencia entre poetas hombres o mujeres
y algunos polvos
y todo es exagerado y tedioso.

 

cuando les devuelven los poemas
los pasan a máquina de nuevo
y los mandan a la siguiente revista del directorio,
y dan recitales
todos los recitales que pueden
gratis la mayoría de las veces
esperando que alguien por fin comprenda
por fin aplauda
por fin los felicite y reconozca su
talento
están todos tan seguros de su genio
dudan tan poco de sí mismos,
y la mayoría vive en North Beach o Nueva York,
y sus caras son como sus poemas:
parecidas,
y se conocen entre ellos y
se juntan y odian y admiran y eligen y descartan
y siguen bombeando más poemas
más poemas
el concurso de los pelmazos:
tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac…

Charles BUkowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
traducción de Ciro Arbós

*

Cuando escribo sentada en el sofá

                                A la memoria de mi padre, quien
                               me enseñó las primeras palabras
                               y también las últimas.

 

(Arte poética)

 

Igual que la imagen de mi cara en el espejo
me recuerda cómo me ve la luz,
en mis palabras busco oír el sonido
de las aguas estancadas, turbias
de raíces y fango, que llevo dentro.

No eso, sino quizás un recuerdo:
¿volver a estar en uno de aquellos días
en los que todo brillaba, las frutas en el frutero,
las tardes de domingo y todavía el sol?
El golpe en la escalera de los pasos
que llegaban hasta mi cama en la pieza oscura
como disco rayado quiero oír en mis palabras.
O tal vez no sea eso tampoco:
solo el ruido de nuestros dos cuerpos
girando a tientas para sobrevivir apenas
el instante.

Yo escribo sentada en el sofá
de una casa que ya no existe, veo
por la ventana un paisaje destruido también;
converso con voces
que tienen ahora su boca bajo tierra
y lo hago en compañía
de alguien que se fue para siempre.

Escribo en la oscuridad,
entre cosas sin forma, como el humo que no vuelve,
como el deseo que comienza apenas,
como un objeto que cae: visiones de vacío.
Palabras que no tienen destino
y que es muy probable que nadie lea
igual que una carta devuelta. Así escribo.

María Mercedes  Carranza

Del libro Hola, soledad

*