hermana

Devuélvanle la Macbook a mi hermana

Escribo este poema para que su Macbook aparezca.
Se la robó un craquero de diecisiete años
que agarraron hace una semana y que jura que vendió la laptop.
Mi hermana le dio seguimiento al juicio
y la mamá del muchacho -con lágrimas en los ojos-
le pidió que lo perdonara.

Espere un momento, doña.
Primero devuélvanos la Macbook, y luego hablamos.
Lo que me hace acordar de cuando tenía quince o catorce años
que un tipo me dio un empujón y me arrebató
una gorra Lagarto que había comprado.
Lo perseguí pero no logré alcanzarlo
y aunque los días pasaron yo no dejaba
de pensar en mi gorra, hasta que lo vi en un colmado,
me le acerqué y lo golpeé duro
en la cabeza y se la arrebaté,
pero al rato me di cuenta de que no era la mía,
ni que el tipo era el tipo.

Sé que no estamos en Portland
y que la poesía no le va a devolver
la Macbook a mi hermana.
Es más probable que la arqueóloga dominicana
encuentre a Cleopatra en Alejandría
que mi hermana su laptop.
Pero escribo este poema para que su Macbook aparezca.
Escribo y las palabras salen de mis dedos
como los rayos que disparan los súper héroes.
Devuélvanle la Macbook a más tardar mañana.
Sorry hermana, es todo lo que pude hacer.

Frank Báez

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Elogio de mi hermana

MI HERMANA NO ESCRIBE VERSOS
y dudo que empiece de repente a escribir versos.
Lo sacó de mi madre, que no escribía versos,
y de mi padre, que tampoco escribía versos.
Bajo el techo de mi hermana me siento segura:
el marido de mi hermana por nada en el mundo escribiría versos.
Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.

En los cajones de mi hermana no hay viejos versos,
ni recién escritos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a comer
sé que no es con la intención de leerme sus versos.
Sus sopas son exquisitas sin premeditación
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.

En muchas familias nadie escribe versos.
Pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona.
A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,
lo que crea peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.

Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,
y toda su escritura son postales de sus viajes
con textos que prometen lo mismo cada año:
que cuando vuelva,
me contará todo,
todo,
todo.

Wislawa Szymborska

Del libro, “El gran múmero” (1976)
Traducción de Gerardo Beltrán