guerra

TERMÓMETRO

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
las moscas de la fruta con ojos
estériles
de un gris naranja
se quedan mirándome
mientras sueño con mujeres imposibles de color lavanda
hermosas
como la inmoralidad

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo leo The New York Times
las arañas se pelean con las hormigas en las sombrías raíces
de la hierba
y las putas alzan sus manos al cielo pidiendo
amor
mientras los ratones blancos
se aprietan los unos con los otros discutiendo
sobre un trozo de queso

mientras mi piel se arruga premonitoria
yo pienso en Cartago y en Roma y
en Berlín
pienso en jovencitas cruzando sus
piernas de nylon en la parada del autobús

mientras mi piel se arruga premonitoria como
pintura en un muro ardiendo
me levanto de la silla para beber agua
en una plácida tarde
y me pregunto por el agua
me pregunto por mí,
un cálido preguntarse como un termómetro cálido
que sube como una mariposa
en una destilada tarde de un amarillo pálido
y después vuelvo andando
y me siento en la silla y no pienso más
-me refiero a la tensión de escalerillas rotas y viejas
películas de guerra-
dejo que todo
arda.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
Edic. de J. M. Moreno Carrascal

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AL CONTEMPLAR UN VIEJO CUADRO SOBRE LA VIEJA GUERRA CIVIL CON MI AMOR

el cañonero está muerto;
y toda la tropa;

el presumido tamborilero,
más mudo que las tumbas,
yace en una red roja;

y bajo las hojas los insectos mueven sus antenas
decidiendo qué dirección tomar,
bajo el fresco paraguas de la descomposición;

el viento riela como fina agua
y hurga bajo las ropas,
cribando y apesadumbrado;

…ropa cargada con pesados huesos
en una somnolencia de mediodía,
como si se tratara de hombres que habiendo sido descendidos por escaleras de mano ahora __yacieran descansadamente;

sin embargo, hace una hora
la sombra del árbol y la sombra del hombre
delineaban sus perfiles al sol-

y ahora, ni un solo hombre entre ellos
sabe explicar la razón
que les llevo a la nada;

y, sobre todo, pienso en una mujer, en algún sitio lejano
que ordena jarras importantes en algún estante de segunda fila
mientras entona una seca y soleada melodía.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
Traducción de José María Moreno Carrascal

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Fin y principio

DESPUÉS DE CADA GUERRA
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.
A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.

Wislawa Szymborska

Del libro, Fin y principio (1993)
Traducción de Abel A. Murcia