final

Lo normal

Las cosas empezaron bien, nos vimos unos días. Cine, mantas, risas, cervezas, maquillando el pasado para parecer más de lo que somos… vamos, lo normal. Así unos días hasta que uno de los dos pidió algo más. Ese fue el punto de ruptura para que el terreno que pisábamos comenzara a desnivelarse. Vinieron entonces los pretextos, los regates, los mensajes a deshora, las llamadas distanciadas en el tiempo… vamos, lo normal. Se empezó a cumplir esa extraña teoría de que el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer. Al final, con el corazón sin presupuesto, tú te cansaste de perseguir, de no encontrar las llaves que abrían las puertas de mi alma y una buena tarde, después de unas semanas dándote excusas para no verte, me enteré de que volabas en otro colchón, con otro que no era yo, y yo, que tantas veces te esquivé, comencé a quererte. Vamos, lo normal.

Marwan

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el final de una breve aventura

esta vez
lo hicimos de parados
por lo general esta posición
no es la mejor
pero
aparentemente estaba dando
sus resultados

ella:

“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”

todo
estaba
saliendo bien
hasta que ella
saltó
suavemente
y enroscó sus piernas
alrededor de mi cintura

ella:

“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”

pesaba sus kilos
y estaba colgada
de mi cuerpo

yo
hacía mi trabajo

cuando acabé
el dolor
me atravesó
la médula
de punta a punta
estallando
en mi cerebro

la dejé caer
sobre el sillón
y comencé a caminar
en círculos
por la habitación

el dolor
estaba ahí
pellizcándome
desde el culo
hasta la nuca

le expliqué
que era mejor
que me dejara solo

que
tenía que revelar
un rollo de película

se vistió
y no la volví
a ver

caminé despacio
hasta la cocina
me serví
un vaso de agua

el dolor explotó
repentinamente
en el interior
de mi cráneo

el vaso
escapó
de mis
manos
haciéndose añicos
en el piso de la cocina

llené la bañadera con agua muy caliente
agregué sales al agua humeante
y luego me metí muy despacio
el calor inundó mi cuerpo
aliviándome

sonó el teléfono
me enderecé
y el dolor me paralizó
mis pies estaban
algo acalambrados

salí
de la bañadera
gateando

rayos multicolores
volaban
dentro de mi cabeza

el teléfono
seguía sonando

levanté
la bocina

¿quién es?

“te amo”
contestó
ella

“gracias”
le dije

“¿sólo eso vas a decir?”

“sí”

“ándate a la chingada”
aulló
y colgó

mi espalda
ya no dolía
tanto

el amor se seca
pensé


se seca aún más rápido
que un charco de semen
en el ombligo de una mujer.

Charles Bukowski

Del libro: Una de las más ardientes y otros poemas
Traducción: Esteban Moore

**

Sobran las palabras

Por traidoras decidí hoy,
martes 24 de junio,
asesinar algunas palabras.
Amistad queda condenada
a la hoguera, por hereje;
la horca conviene
a Amor por ilegible;
no estaría mal el garrote vil,
por apóstata, para Solidaridad;
la guillotina como el rayo,
debe fulminar a Fraternidad;
Libertad morirá
lentamente y con dolor:
la tortura es su destino;
Igualdad merece la horca
por ser prostituta
del peor burdel;
Esperanza ha muerto ya;
Fe padecerá la cámara de gas;
el suplicio de Tántalo, por inhumana,
se lo dejo a la palabra Dios.
Fusilaré sin piedad a Civilización
por su barbarie;
cicuta beberá Felicidad.
Queda la palabra Yo. Para esa,
por triste, por su atroz soledad,
decreto la peor de las penas:
vivirá conmigo hasta
el final.

María Mercedes Carranza

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Del libro: Tengo miedo