felicidad

scarlet

me alegra
verlas llegar
oír
el sonido de sus tacones
aproximándose a mi puerta

la felicidad
me inunda
cuando se despiden
y
el repiqueteo
de los tacones
se pierde
en la distancia

soy
un hombre feliz haciendo el amor
preocupándome por ellas

la alegría
no me abandona
si todo termina

y
considerando
la inagotable sucesión
de principios y finales
hallarás en mí
a un hombre satisfecho
de la propia vida

los gatos caminan
en pequeños círculos

la tierra gira
alrededor del sol

el teléfono suena

“¡hola!
¿cómo estás?”

es
la
pelirroja

“muy bien
vente a casa”
contesto

cuelgo
pensando
si
la vida
se
reduce
a
esto

voy
al baño

cago
lentamente

me afeito
me ducho
me perfumo
me visto

saco
la basura
las botellas vacías
—muchas—

espero
en mi sillón
preferido

la música
de los tacones
vibra en el aire
trae a la memoria
la imagen
de un batallón
de infantería
rodeándome
me pregunto:
“¿podré vencer?”

es
ella
scarlet

la llave de la cocina
continúa goteando
debo cambiar el empaque

mañana
me ocuparé
de eso

Charles Bukowski

Del libro Una de las más ardientes y otros poemas
Traducción de Esteban Moore

**

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El ocaso del siglo

NUESTRO SIGLO XX IBA A SER MEJOR QUE LOS PASADOS.
Ya no podrá demostrarlo,
tiene los años contados,
titubeante el paso,
fatigada la respiración.

Ya han sucedido demasiadas cosas
que no debían haber pasado
y lo que tenía que pasar
no ha pasado.

Teníamos que estar, entre otras cosas,
ante la primavera y la felicidad.

El miedo tenía que dejar las montañas y los valles.
La verdad, antes que la mentira,
tenía que llegar a la meta.

Ciertas desgracias no iban
a suceder más:
por ejemplo, la guerra
y el hambre, y tantas otras.

Se iba a valorar
la indefensión de los indefensos,
la confianza y ese tipo de cosas.
Quien quisiera alegrarse del mundo
se encuentra ahora
ante una misión imposible.

La estupidez no es graciosa.
La sabiduría no es alegre.

La esperanza
ya no es, por desgracia, esa muchacha joven,
etcétera.

Dios iba al fin a creer en un hombre
bueno y fuerte,
pero el bueno y el fuerte
siguen siendo dos hombres diferentes.

Cómo vivir, me preguntó en una carta alguien
a quien yo tenía la intención de preguntarle
lo mismo.

Una vez más y como siempre,
como se ve más arriba
no hay preguntas más urgentes
que las preguntas ingenuas.

Wislawa Szymborska

Del libro, Gente en el puente (1986)
Traducción, Abel A. Murcia

*

Bajo una pequeña estrella

QUE ME DISCULPE LA COINCIDENCIA POR LLAMARLA necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas si brillan en la memoria.
Que me disculpe el tiempo por el mucho mundo pasado
por alto a cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por considerar al nuevo
el primero.
Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo el disco
de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño
a las cinco de la mañana.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.
Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas
respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos,
cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica
porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas
y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

Wislawa Szymborska

Del libro “Si acaso” (1972)
Traducción Abel A. Murcia