demasiado

Estoy demasiado cerca

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

Wislawa Szymborska
(Traducción de Elzbieta Borkiewicz)

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Demasiado tarde

Yo era lento de desarrollo
me volví bueno demasiado tarde:
la secundaria había pasado,
era verano
sin trabajo
y mi padre mirándome
por sobre los platos
en la comida.
Durante el día solía
rondar por las canchas
“Oigan, ¿alguno quiere
jugar al fútbol? ¿béisbol?”
de vez en cuando juntaba
algunos tipos y entonces
me veía bien:
podía empolvar la pelota
mejor que nadie,
podía hacer imposibles atrapadas,
elegantemente sobre mi
hombro.
en el fútbol
era el mejor corredor
de medio campo del
barrio –
-me reía de ellos
mientras
hacía gambetas
mientras las chicas y la gente del barrio
aplaudían mi
maestría.
pero los muchachos
ya no querían jugar
más: “escucha, Hank,
tenemos cosas que
hacer.
¿por qué no juntabas
equipos
cuando estabas aún
en el colegio?”
entonces se iban
y la gente se iba
y yo me quedaba
en la vacía
cancha
solo.
entonces volvía
a la casa y
volvía a mi padre
que me observaba por sobre
su plato de comida:
“bien, hijo, ¿qué has hecho
hoy?, ¿has encontrado
trabajo?
me tendría que haber visto
con todas esas chicas
gritando.
no se daba cuenta
con quién
estaba sentado
a la mesa.

Charles Bukowski