copa

EXPERIENCIA

hay una mujer al final del pasillo que pinta
mariposas e insectos
y hay pequeñas estatuas en la habitación,
trabaja con barro
y entré allí
y me senté en el sofá y tomé algo d beber,
entonces me di cuenta
que una de las estatuas estaba colocada de espaldas a nosotros,
estaba allí de pie pensativo, pobre bastardo,
y pregunté a la mujer
que qué le pasaba
y ella dijo, lo estropeé
por la parte de delante, más o menos.
ya ves, dije, y apuré el trago,
no tienes demasiada experiencia con los hombres.
se río y me trajo otra copa.
hablamos de Klee,
de la muerte de Cummings
del Arte, de la supervivencia y todo eso.
debería saber más sobre los hombres,
le dije.
lo sé, dijo ella, ¿le gusto yo?
por supuesto, le dije.
ella me trajo otra copa.
hablamos de Ezra Pound.
de Van Gogh.
todas esas cosas.
se sentó a mi lado.
recuerdo que ella tenía un bigotito blanco.
me dijo que yo poseía un buen torrente de vida
y que era muy masculino.
le dije que ella tenía unas piernas bonitas.
hablamos de Mahler.
no recuerdo haberme ido.
la vi una semana después
y ella me pidió que entrara.
ya lo arreglé, me dijo.
¿a quién? pregunté.
mi hombre en la esquina, me dijo

bien, dije.
¿quieres verlo? preguntó
seguro, dije.
se dirigió a la esquina y le dio
la vuelta hacia mí

vaya si lo arregló

¡oh, dios, era YO!

entonces empecé a reírme y ella se río
y la obra de Arte siguió en pie allí,
una cosa muy hermosa.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
edición de J.M. Moreno Carrascal

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La pelirroja

sacudió su cabeza
y la roja cabellera
flotó un instante
en el aire

rojos cabellos
verdaderos

ágilmente
giró
su cuerpo
y preguntó:

“¿tengo
el culo firme?”

¡ah
mujeres
cuánta comedia!

siempre
hallarás
una mujer
para salvarte
de otra mujer

y
cuando creas
que la salvación
está a tu alcance
podrás observar
cómo se preparan
para destruirte

“algunas veces te odio”
dijo muy suelta de cuerpo

se sentó en la galería
leyendo los poemas de Catulo
permaneció una hora ahí
con mi libro en sus manos

hombres y mujeres
pasaban frente a mi casa
preguntándose
de dónde un viejo feo
hallaba tanta belleza

esa pregunta
tampoco la puedo contestar
yo

luego
entró
en la casa

cuando se acercó a mi sillón
la agarré del brazo
y la senté sobre mis muslos
tensos

levantando mi copa
le dije:
“toma
un trago”

“otra vez vino con güisqui
espero que no te pongas pesado
con estas mezclas que haces”

“decime la verdad
¿te teñís el pelo?”
le pregunté

“cierra los ojos
no mires”
“ahora ábrelos”
dijo suavemente

estaba parada
delante de mí
los pantalones en el piso
el calzón en la mano
y lo juro
su vello púbico
era del mismo color
que su cabello

ni el viejo Catulo
podría haber deseado
tanta
y maravillosa belleza
antes
de volverse senil
por muchachos tiernos
que no poseen
la necesaria locura
para transformarse en mujeres

Charles Bukowski

Del libro Una de las más ardientes y otros poemas
Traducción Esteban Moore

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