autobus

chicas con pantimedias

colegialas con pantimedias
sentadas en la parada del autobús
que parecen cansadas a los 13
con los labios pintados de frambuesa.
hace calor al sol
y el día en el colegio ha sido
aburrido, y volver a casa es
aburrido, y
yo paso por delante en coche
escudriñando sus tibias piernas.
ellas desvían la
mirada-
han sido prevenidas
contra los viejos machos desalmados y
salidos; no están dispuestas
a ofrecerse sin más.
pero también es aburrido
esperar a que pasen los minutos en
la parada y los años en
casa, y los libros que
llevan son aburridos y la comida
que comen es aburrida, e incluso
los viejos machos desalmados y salidos
son aburridos.
las chicas con pantimedias esperan,
esperan el tiempo y l momento
adecuados, y entonces se pondrán en marcha
y entonces conquistarán.

yo paso en mi coche
mirando furtivamente sus piernas
feliz porque nunca seré
parte de su cielo ni de
su infierno. ¡pero ese carmín
escarlata en esas tristes bocas
expectantes! sería agradable
besar cada boca una vez, plenamente,
y luego devolvérsela.
pero el autobús se
las llevara primero.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
poemas 1974-1977, traducción de Ciro Arbós

*

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La chica de la marquesina

Sale de la marquesina y mira
hacia la izquierda;
vuelve y reinicia su pequeño
“claqueteo” nervioso.

No aguanta más, se muere, necesita
que llegue el autobús; la vida, todo
lo que ésta le tenga reservado.
Y lo necesita ya, ahora, esta noche de sábado.
Mañana es una entelequia, una ficción,
un planeta a años luz.
Y vuelve a salir y mira y se consume de deseo.
Es terriblemente desgraciada un segundo
y al siguiente -llega el autobús al fin- se ríe
y parece que amanece en el mundo.

Y yo la miro y pienso
que, aunque solo fuera por eso,
por esa fuerza, por sentir
lo que ahora mismo está sintiendo ella,
merece la pena vivir.

Karmelo C. Iribarren

*

Un terrorista: Él observa

LA BOMBA EXPLOTARÁ EN EL BAR A LAS TRECE VEINTE.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.

El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esta distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:

Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre de anteojos oscuros: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos Hablan.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
EL más bajo tiene suerte y sube a una moto,
el más alto entra.

Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella camina con una cinta verde en pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.

Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando los vayan sacando.

Trece  diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar, aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece y veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.

Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Si, ahora.
Una bomba: la bomba explota.

Wislawa Szymborska

Del libro, “El gran número” (1976)
Traducción, Abel A. Murcia

*