arbol

Esqueleto de dinosaurio

AMADOS HERMANOS,
he aquí un ejemplo de malas proporciones:
un esqueleto de dinosaurio se yergue ante nosotros.

Queridos amigos,
a la izquierda, la cola hasta un nunca acabar,
a la derecha, el cuello hasta el otro.

Distinguidos Camaradas,
en el centro, cuatro patas que se atascaron en el fango
bajo la colina del tronco.

Amables Ciudadanos,
la naturaleza no se equivoca, pero le gustan las bromas:
fíjense ustedes en esa pequeña y ridícula cabeza.

Señoras y Señores,
una cabeza así no pudo prever nada
y por eso es la cabeza de un monstruo extinguido.

Venerable Congregación,
muy poco cerebro y demasiada hambre,
más estupido sueño que razonable temor.

Honorables Visitantes,
en ese aspecto nuestra condición fisica es mucho mejor,
la vida es hermosa y la tierra es nuestra.

Ilustres Delegados,
un cielo estrellado sobre la caña pensante,
y la ley moral en ella.

Distinguida Comisión,
sucedío una vez
y tal vez sólo bajo este único Sol.

Alto Consejo,
qué diestras manos,
qué elocuentes labios,
cuánta cabeza sobre los hombros.

Suprema Instancia,
cuánta responsabilidad en el lugar de la cola.

Wislawa Szymborska

Del libro, Si acaso (1972)
Traducción de Gerardo Beltrán

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Puede ser sin título

OCURRE QUE ESTOY SENTADA BAJO UN ÁRBOL,
a la orilla del río,
en una mañana soleada.
Es un suceso banal
que no pasará a la historia.
No son batallas ni pactos
cuyas causas se investigan,
ni ningún tiranicidio digno de ser recordado.

Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.
Y puesto que estoy aquí,
tengo que haber venido de algún lado
y antes
haber estado en muchos otros sitios,
exactamente igual que los descubridores
antes de subir a cubierta.

El instante más fugaz también tiene su pasado,
su viernes antes del sábado,
su mayo antes de junio.
Y son tan reales sus horizontes
como los de los prismáticos de los estrategas.

El árbol es un álamo que hace mucho echó raíces.
El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.
No fue ayer cuando el sendero
se formó entre los arbustos.
El viento, para disipar las nubes
antes tuvo que traerlas.

Y aunque no sucede nada en los alrededores,
el mundo no es más pobre en sus detalles,
ni está peor justificado ni menos definido
que en la época de las grandes migraciones.

No sólo a las conjuras acompaña el silencio.
Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.
Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,
sino también las piedras solemnes de la orilla.

Complejo y denso es el bordado de las circunstancias.
Tejido de hormigas en la hierba.
Hierba cosida a la tierra.
Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.

Por alguna causa yo estoy aquí y miro.
Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire
con unas alas que son solamente suyas,
y una sombra sobrevuela mis manos,
no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

Ante una visión así, siempre me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo insignificante.

Wislawa Szymborska

Del libro, Fin y principio (1993)
Traducción, Gerardo Beltrán

*

 

Del montón

SOY LA QUE SOY.
Casualidad inconcebible
como todas las casualidades.

Otros antepasados
podrían haber sido los míos
y yo habría abandonado
otro nido,
o me habría arrastrado cubierta de escamas
de debajo de algún árbol.

En el vestuario de la naturaleza
hay muchos trajes.
Traje de araña, de gaviota, de ratón de monte.
Cada uno, como hecho a la medida,
se lleva dócilmente
hasta que se hace tiras.

Yo tampoco he elegido,
pero no me quejo.
Pude haber sido alguien
mucho menos individuo.
Parte de un banco de peces, de un hormiguero, de un enjambre,
partícula del paisaje sacudida por el viento.

Alguien mucho menos feliz,
criado para un abrigo de pieles
o para una mesa navideña,
algo que se mueve bajo el cristal de un microscopio.

Árbol clavado en la tierra,
al que se aproxima un incendio.

Hierba arrollada
por el correr de incomprensibles sucesos.

Un tipo de mala estrella
que para algunos brilla.

¿Y si despertara miedo en la gente,
o sólo asco,
o sólo compasión?

¿Y si hubiera nacido
no en la tribu debida
y se cerraran ante mí los caminos?

El destino, hasta ahora,
ha sido benévolo conmigo.

Pudo no haberme sido dado
recordar buenos momentos.

Se me pudo haber privado
de la tendencia a comparar.

Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.

Wislawa Szymborska

Del libro, El gran número Fin y principio y otros poemas

(Traducción de Gerardo Beltrán)

*