ama

Poemas de amor, 1

Ese otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio
esa sombra de piedra que ha crecido en mi adentro y en mi afuera,
eco o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico y el inmotivadamente alegre,
ese otro,
también te ama.

Darío Jaramillo Agudelo

Del libro, Poemas de amor (1986)

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Consejo

Cuando de nuevo el sonido del viento resuena desde el mar
y la tierra se ensucia con convulsiones y desorden,
ten cuidado con ese arma de dos filos que es una elección
recuerda
que lo que puede haber sido noble
hace 5 siglos
o incluso 20 años
es ahora,
más a menudo de lo que crees,
malgastada acción;
tu vida sólo ocurre una vez,
la historia nos demuestra una y otra vez
que los hombres son necios

ten cuidado, entonces, te diría,
de cualquier aparentemente noble
acontecimiento,
ideal,
o acción,
ya sea por este país o por amor o por el Arte,
que no te engañe la cercanía de las horas
de la belleza, o de la política,
se marchitarán como una flor cortada;
ama, sí, pero no como un deber de matrimonio,
y cuídate de la mala comida y del trabajo en exceso;
vive en un país, es inevitable,
pero amar no es un mandato,
ya sea a una mujer o a una tierra;
no te apresures; y bebe cuanto sea necesario
con objeto de mantener una continuidad,
pues la bebida es una forma de vida
en la que el que participa vuelve a probar fortuna
con la vida; te digo aún más:
vive solo cuanto puedas;
ten hijos, si es que llegan,
pero intenta no tener
que criarlos; no te metas en pequeñas disputas,
ya sean de palabra o en las que se usan las manos,
a menos que tu contrario busque la vida de tu cuerpo
o la vida de tu alma; entonces,
mata, si es necesario; y
cuando llegue el tiempo de morir,
no seas egoísta:
considera que el precio no es alto
y hacia dónde vas:
ni una señal de vergüenza o fracaso
ni una llamada al dolor,
mientras el viento resuena desde el mar
y el tiempo pasa
inundando tus huesos con una paz suave.

Charles Bukowski

Del libro, Madrigales de la pensión
(Edición de J.M. Moreno Carrascal)

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Retrato de mujer

TIENE QUE SER PARA ELEGIR.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale la pena intentarlo.
Tiene ojos, si hace falta, a veces grises, otras azules,
negros, alegres, llenos de lágrimas sin motivo.
Se acuesta con él como primera de la fila, la única en el mundo.
Le da cuatro hijos, no le da hijos, le da uno.
Ingenua, pero da buenos consejos.
Débil, pero puede con la carga.
No tiene nada en la cabeza, pero lo va a tener.
Lee a Jaspers y revistas femeninas.
No sabe para qué es ese tornillo y construye un puente.
Joven, como de costumbre joven, constantemente joven.
Tiene en la mano un gorrión con el ala rota,
su propio dinero para un viaje largo y lejano,
un cuchillo, una compresa y un vaso de vodka.
A dónde va con tanta prisa, ¿no estará cansada?
Claro que no, sólo un poco, mucho, no importa.
O lo ama o está encaprichada.
En las buenas, en las malas y por el amor de Dios.

Wislawa Szymborska

Del libro, “El gran múmero” (1976)
Traducción de Gerardo Beltrán