Wislawa Szymborska

EL GRAN NÚMERO

Cuatro mil millones de gentes sobre esta tierra,
y mi imaginación es la que era.
No se le dan bien los grandes números.
Sigue conmoviéndola lo particular.
Vuela en la penumbra cual luz de linterna,
revela sólo los primeros rostros de la fila,
mientras el resto se pierde en el abismo ciego,
en el no pensamiento, en el no olvido.
Pero esto, ni el mismo Dante lo detendría.
Y qué decir cuando una no lo es,
aun con todas las musas a mi lado.

non omnis moriar -pena prematura.
Pero, ¿acaso vivo entera?, ¿y si esto basta?
Nunca ha bastado, mucho menos ahora.
Elijo rechazando pues no hay otra manera,
pero lo que rechazo es más numeroso,
más espeso, más insistente que nunca.
A costa de pérdidas indescriptibles, un poemita, un suspiro.
A una llamada estruendosa respondo con un susurro.
Cuánto silencio, no lo contaré.
Un ratón al pie de su montaña materna.
La vida dura unas pocas huellas de uña sobre la arena.

Mis sueños, incluso, no son, como debieran, populosos.
Hay más soledad en ellos que multitudes y jaleo.
A veces pasa un momento alguien ya difunto.
Una sola mano mueve el pomo.

La casa vacía se cubre de anexos de eco.
Desde el umbral bajo corriendo al valle
silencioso, como de nadie, ya anacrónico.

De dónde aún este espacio dentro de mí.
No lo sé.

Wislawa Szymborska

Del libro, El gran número fin y principio y otros poemas
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz

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NOTICIAS DE HOSPITAL

Echamos a suertes quién debía ir a verlo.
Me tocó a mí. Me levanté de la mesa.
Se acercaban ya las horas de visita al hospital.

No respondió nada a mi saludo.
Quería cogerle de la mano, la aparto
como un perro hambriento que no suelta su hueso.

Parecía como si le diera vergüenza morir.
No sé de qué se habla con alguien como él.
Nuestras miradas se evitaban como en un fotomontaje.

No dijo ni quedate, ni vete.
No preguntó por nadie de los de nuestra mesa.
Ni por ti, Juancho, ni por ti, Moncho, ni por ti, Pancho.

Empezó a dolerme la cabeza. ¿Quién se le muere a quién?
Exalté la medicina y las tres lilas del vaso.
Hablé del sol y fuí apagándome.

Qué bien que haya peldaños para salir corriendo.
Qué bien que haya una puerta para poder abrirla.
Qué bien que me esperen en esa mesa.

El olor a hospital me provoca náuseas.

Wislawa Szymborska

Del libro, QUÉ ALEGRÍA MÁS GRANDE (1967)
Traducción, David Carrión Sánchez

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ANUNCIOS POR PALABRAS

CUALQUIERA, que conozca el paradero
de la compasión (fantasía del alma)
-¡que avise!, ¡que avise!
Que lo cante a voz en grito
y baile como si perdiera la razón
jubiloso bajo el frágil sauce
eternamente a punto de romper en llanto.

ENSEÑO a callar
en todos los idiomas
según el método de contemplar
el cielo estrellado,
las quijadas del sinantropus,
el plancton,
el copo de nieve.

DEVUELVO el amor.
¡Atención! ¡Ganga!
En la hierba de antaño,
cuando, bañados de sol hasta el cuello
yacéis, mientras baila el viento
(maestro del baile de vuestros cabellos).
Ofertas a “Sueño”.

SE BUSCA persona
para llorar
por los ancianos que en los asilos
mueren. Sírvanse
presentarse sin referencias
ni solicitudes por escrito.
Los papeles serán destruidos
sin acuse de recibo.

POR LAS PROMESAS de mi esposo
-que os engañaba con los colores
del populoso mundo, con su jaleo,
con una copla desde la ventana, con un perro
detrás de la pared-
de que nunca estaríais solos
en penumbra, en silencio y sin aliento
-responder no puedo.
La noche, viuda del Día.

Wislawa Szymborska

Del libro: LLAMADA AL YETI (1957)
Traducción de Elzbieta Bortkiewicz

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