Jaime Jaramillo Escobar

Jaime Jaramillo Escobar

Pueblo Rico, Antioquia, 1932. El libro más celebrado de Jaime Jaramillo Escobar, militante del grupo Nadaísta, es Los poemas de la ofensa, su primer volumen, que data de 1968 y apareció firmado con el seudónimo X-504. Este libro obtuvo el primer premio nadaísta de poesía “Cansius Clay”.

Posteriormente, este poeta, que ha ejercido como publicista en Bogotá y director de talleres de poesía en Medellín, ha publicado entre otros los libros Extracto de poesía, antología, 1982; Sombrero de ahogado, 1984, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Eduardo Cote Lamus”, y Poemas de tierra caliente (1985).

Recibio en 1985 el Premio Universidad de Antioquia.

Sus primeros poemas se conocieron en la antología publicada por Gonzalo Arango en 1963, 13 poetas nadaístas.

Biografía: Poetas Colombianos, editorial La otra y Universidad Nacional Autonoma de Nuevo León.

Problemas de la estética contemporánea

La magnitud de la humanidad pesa sobre cada uno de nosotros, y sentimos profundamente a los antípodas pateando sobre nuestro corazón.

De modo que no es extraño que andemos como unos Cristos abofeteados en busca de una cruz para apoyarnos.

Habiendo subido a lo alto de una colina una noche, ante mí se extendía la ciudad como una piel de tigre.

Y en el licor de las copas cintilaban las lucecillas de tres almas.

La última era la mía, alma siempre sobrante y solitaria.

Por el aire volaban dentelladas y entonces apareció el Diablo y me dijo: –”Te lo daría todo si postrado me adoraras”.

Ser el dueño del mundo es lo mismo que no tener nada, pues el error existe en todo y siempre nos engañan.

Mis jeans y mi chaqueta no se pueden cambiar por un edificio de cinco pisos ni por un puesto en las oficinas del Gobierno.

Prefiero andar derrotado por los alrededores de talleres de mecánica y cobertizos de carros.

Allí todos tratan de poner en sus vidas las mejores cosas que pueden, y así recogen una flor, una novia y un espejo.

Este esfuerzo colectivo me enternece y de pronto, sin darme cuenta, le sonrío a la gente como un perro.

Una mañana andaba un hombre desnudo por las calles de la ciudad.

La policía lo metió a la cárcel pocas horas después, como a todo hombre que intenta ser feliz.

Porque todo lo que no está dentro de la Ley está fuera de ella.

Y dentro de la Ley no puede haber un hombre desnudo porque la Ley es hecha por los representantes de los propietarios de las fábricas de tejidos.

Como tampoco puede haber un hombre con hambre, porque el hambre del pobre es resbalosa.

A la puerta de un pequeño restaurante donde entré un día se paró un hombre hirsuto que después de mirar se fue diciendo:

–”¿Conque comiendo, eh? ¡Me alegro, me alegro!”

Y su risa cayó sobre la sopa como una araña negra.

El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, pero el que sólo sabe hacer poemas, ¿qué comerá?

Si una pregunta no tiene respuesta lo mejor es cambiar de pregunta y de problema.

Para eso hay petulantes que nos dicen:

–“¡Dedícate a la estética!”.

Jaime Jaramillo Escobar

Proverbios de los charlatanes

Cuando un desconocido se encuentra con otro desconocido, o lo mata o le pregunta algo.
Los charlatanes pueden alargar indeterminadamente la conversación, a fin de prolongar con ella la vida,
pues la defensa se permite… a quien puede defenderse.
Pero jamás huir. ¿Por qué hay que estar siempre huyendo?
Si el lobo os alcanza y os devora, saboread al lobo pero no huyáis.
Que vuestro placer de ser comidos sea más grande que el del lobo.
Esto no por razones apoyadas en la lógica, pues lo que hay que buscar no son razones sino motivos,
y en este caso no hay que dudar de que el lobo tendrá sus buenos motivos.
Contra la Muerte no cabe nada, ni siquiera disfrazarse:
No por estar pintado el Faraón la Muerte no se lo va a comer.
Tampoco la negación anula la Muerte. Yo afirmo la Muerte con mis doce pares de costillas.
De modo que no queda más que prolongar la conversación ininterrumpidamente.
Tal vez el interlocutor termine por cansarse y continuar su camino,
aunque es también muy probable que su resistencia no tenga límite conocido, y decida esperar a que cerremos el pico.
En ese preciso momento descargará su pistola, desapareciendo luego tan repentinamente como llegó,
porque después de haber hablado la pistola ya no hay nada más qué decir.
Lo malo es que no podemos devolvernos, porque cuantas veces desandemos un camino habremos perdido otros tantos días.
El enfrentamiento está, pues, decidido, y tú sabes que no hay posibilidad alguna para ti.
Sólo hablar, hablar, hablar.
Conserva tu puesto hasta el final y alega todo lo que puedas.
Quizás logres confundirlo y hacerlo caer en contradicción.
Sin embargo debes mantener la serenidad y no buscarle seis patas al gato, que no tiene sino cinco,
ni subir demasiado alto porque te pierdes de vista.
Siempre en tu lugar. Tu lugar son las fauces del lobo.
Ni acuses a un solo hombre, porque éste te matará o te hará matar.
Acusa a toda la humanidad.
Así te matarán entre todos.
Y los charlatanes después de haber enredado todos los conocimientos se fueron abrazados y riéndose.
Porque ellos mismos habían caído en la trampa.
La trampa eran ellos mismos.

Mi alma dice:
No son las ovejas las que buscan al Señor.
Es Él el que se preocupa por ellas.
Porque si no se preocupa, ellas se convierten en lobos.
Y los noventa y nueve lobos devorarán a la oveja restante.
Y los noventa y nueve justos devorarán a la oveja restante,
según otra versión.

Jaime Jaramillo Escobar