Héctor Carreto

Salón de belleza

Podrías ser dueña
de un cuerpo envidiable,
como aquellos que se hospedan en museos
de Roma, Madrid, Nueva York.

En la sala de espejos de mi poema
descubrirías un cutis ya sin surcos.
¿O acaso piensas, ingenua, que rostro y nalgas
de La Maja pertenecían a una sola?,
¿o que la Venus de Botticelli se ceñía
a la dieta?,
¿o que la piel de Diana
era de mármol bruñido?

Escucha: esos artistas retocaron a sus modelos
porque con ellas compartieron
mantel y sábanas.

Anda, desnúdate
y de aquí saldrás, lo garantizo,
físicamente satisfecha.

(De Coliseo)

Héctor Carreto

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