Dolores Batista

Si pudiera hablar el monte
esto es lo que nos diría:
No me quites el respiro
no me quites las piernas
ni los brazos.
Tú, el que esto hace
tu propia vida estás acabando.

Dolores Batista

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Dolores Batista. Poeta.

Dolores Batista

En Ojachihi, un pueblito del municipio de Bocoyna (palabra rarámuri para “lugar de pinos”), nació Dolores Batista en 1962. Emigró muy joven a la ciudad de Chihuahua para atenderse médicamente por un accidente que sufrió en su casa, pero logró sacar partido: aprendió español y comenzó a estudiar. Estudió enfermería, pero regresó a su pueblo para fundar una escuela. Cuando se dio cuenta de que podía escribir y dejar las leyendas de su pueblo grabadas en la historia, comenzó a recopilar la tradición oral tarahumara, y lo hizo de forma bilingüe para que todos pudiéramos entenderla.

Murió de forma repentina en 2004, dejando no sólo la figura de una mujer a través de la cual habló la Sierra Madre, sino también un legado poético fruto de sus aspiraciones y sabiduría, en su propia lengua. Lamentablemente no lo pudo ver publicado, pero el investigador Enrique Servín lo recopiló y tradujo los diecisiete poemas que ahora forman parte de su herencia.

Fuente: http://terrar.io/2013/03/como-vuelves-golondrina

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El Heraldo de Chihuahua
29 de junio 2009

Nacida en 1962 en algún pueblito de Bocoyna, la escritora rarámuri Dolores Batista logró, en sus pocos años de vida, destacar como poeta, ensayista, traductora y promotora social, dejando para la posteridad sentidos poemas que hoy son retomados por sus congéneres como un canto a la vida.

La escritora Alma Montemayor recoge su obra en el libro “Mujeres que engrandecen Chihuahua” y dice que Batista “nació en Ojachichi, municipio de Bocoyna, y cursó sus estudios de primaria y secundaria en Sisoguichi y en la ciudad de Chihuahua”, regresando después a su pueblo natal a finales de los años setenta e inicios de los ochenta.

Agrega que “Dolores colaboró con el sacerdote jesuita Pedro de Velasco Rivero en la elaboración del libro ‘Danzar o morir. Religión y resistencia a la dominación en la cultura tarahumara’, publicado en 1983, en el que aportó su testimonio sobre diversos aspectos relacionados con costumbres y ceremonias del pueblo rarámuri”.

Aunque realizó estudios de enfermería y se inició como promotora social en su comunidad a mediados de la década de los ochenta, Dolores comenzó a fortalecer “su facilidad para escribir y su inquietud por rescatar las leyendas de su pueblo, que le llevó a recopilar un sinnúmero de textos de la tradición oral tarahumara, que años más tarde, se concretaron en dos audio-libros en tarahumara, para la difusión de mitos, leyendas y cuentos rarámuris”.

A decir de Montemayor este rescate contribuyó a “enriquecer enormemente la obra poética de Lolita, al permitirle ahondar en los orígenes de su pueblo y en su propio origen, localizar personajes e imágenes clave y redescubrir la cadencia de su lengua materna”.

Los audio-libros tuvieron tal éxito que le llevaron a recibir en dos ocasiones el estímulo del Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias en 2001 y 2003, mientras que en 2002 participó en la grabación de los materiales del método audiovisual para el aprendizaje del tarahumara, y colaboró en el periódico rarámuri “Uki” con artículos, traducciones y poemas.

Para el escritor José Luis Domínguez “Dolores representa una de las pocas voces de la Sierra Madre, sobre todo porque escribió en bilingüe, y dejó publicada una plaquette con Flor de Arena, llamada “Ra’ósari (Amanece), que valdría la pena revalorar. Dejó su marca como una poeta malograda por el destino, por un accidente en la sierra que terminó su oportunidad de convertirse en una gran poeta. Hoy, allá en Cuauhtémoc, en algunos muros, hay poemas en rarámuri de ella, que son leídos por los mismos indígenas que llegan de la sierra, se sientan en las bancas de esa placita y la leen, y eso me parece maravilloso”, dice, y se refiere a sus poemas publicados en “Uki”, como parte del programa “Bardos en bardas”, en el que se escribía en bardas y paredes a manera de mural.

Añade Domínguez que “la poesía de Batista es animista como todas sus creencias, los rarámuri son animistas por naturaleza, ellos creen que en las cosas y en los animales hay ánimas, y en sus creencias, reencarnan en algún animal como el búho y la serpiente. Para ellos la Naturaleza está viva y en ese aspecto se emparentan con la mitología griega, por ejemplo”.

Fuente: http://www.oem.com.mx/esto/notas/n1224225.htm

Besá galí móba/Tres veces más alto que las casas

Iséligame kó jé aní:
“Napusí ta suwí
besá galí móba simálua lá:
‘Échi gawichí jóonsa
amí kéti Eyé Mechálale;
aminá chó kéti Onó Rayénalichi.
Aminábi ta mehkabé simí bá”

Ácha bichíwali jú alé?
Kámi yéna ta sí suwisáa?
Tási machilú…

‘Í ‘á we’élale rihpíe lé
pé chópi nahpisó neláa
eeká neláa ké lé chó.

Tres veces más alto que las casas

[Esto dicen los gobernadores:
“Cuando morimos
subimos tres veces más alto que las casas:
desde esta tierra
hasta nuestra Madre la Luna;
y hasta nuestro Padre el Sol.
Así de lejos nos vamos”.

¿Será verdad?
¿A dónde iremos al morir?
No se sabe…

Tal vez  permanezcamos en la tierra
tan sólo en forma de polvo
o quizás en forma de aire.]

Dolores Batista