mi admiradora

di un recital el sábado pasado en los
bosques de secoyas a las afueras de Santa Cruz
y llevaba leídas 3/4 partes
cuando oí un largo alarido
y una joven muy
atractiva vino corriendo hacia mí
vestido largo & divinos ojos de fuego
y subió de un salto al estrado
y gritó: “¡TE DESEO!
¡TE DESEO! ¡TÓMAME! ¡TÓMAME!”
yo le dije, “mira, largo
de mi vista”.
pero ella seguía tirándome de la
ropa y echándose encima
de mí.
“¿dónde estabas”, le
pregunté, “cuando vivía
con una chocolatina al día y
enviaba relatos al
Atlantic Monthly?”
me agarró las pelotas y casi
me las arranca a pellizcos. sus besos
sabían a mierda enlatada.
dos mujeres saltaron al estrado
y
se la llevaron bosque
adentro.
aún podía oír los gritos
cuando empecé el siguiente poema.

tal vez, pensé, tendría que
haberla poseído en el estrado delante
de todas aquellas miradas.

pero uno nunca puede estar seguro
de si es la buena poesía o
una mala droga.

Charles Bukowski

Del libro, El amor es un perro del infierno
Poemas 1974-1977
Traducción de Ciro Arbós

*

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