Charles Bukowski (1920 – 1994)

poeta

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Soy Henry Charles Bukowski, y nací la tarde del 16 de agosto de 1920, en Andernach, Alemania.
Soy poeta, y mi padre era un necio que gritaba: ¿Cómo has podido hacerle esto a tu madre? Mi madre gimoteaba y decía: ¡Has traído la vergüenza sobre nosotros!
Mientras yo pensaba: es sólo la travesura de un niño poniendo fin a la humillación.
Soy Henry Bukowski, cuantas veces habré dicho esto; no lo sé, pero hoy quiero agregar
que soy lector de John Fante, y hace muchos años descubrí
la biblioteca del barrio, estaba en el viejo edificio de piedra marrón,
entre los bulevares Washington y Adams, muy cerca de la calle 21 y la avenida
La Brea, era un paraíso.
Soy el universitario que leyó Dago Red, el que un día escribió La senda del perdedor, el baño, soy Bukowski, el que lo miro a los ojos y advirtió
que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos.
Soy el hombre del acné; el poeta del acné, el cuentista del acné, el novelista del
acné, el monstruo, el que se pasó todo un día en el Hospital General del Condado de Los Ángeles, para que le dijeran vuelva mañana, soy Charles,
el que volvió al día siguiente para que un grupo de médicos lo observara
-como se observa a un bicho- y uno dijera: es el peor caso de
acné vulgaris que he visto en mi vida.
Soy quien bebió güisque a su antojo en los céntricos bares de Los Ángeles,
el inyector que inyecta sangre y “belleza”, soy la bestia, soy un hombre de palabras, soy la humedad de la noche; la caída vertiginosa del mundo, el rebelde que río de su padre
cuando le decía que debía ser ingeniero
para ganar mucho dinero, soy quien junto a Hemingway exploró
las corrientes subterráneas del corazón del hombre.
Soy Bestiabuk, el poeta que pasó toda la noche mirando la fiesta de graduación a
través de la tela metálica de la ventana, soy el hombre de la barra que mira a esa joven
hermosa con un ponche en la mano susurrando a la oreja de su acompañante. Soy
quien ve a muchos hombres muertos, recibiendo órdenes con una sonrisa
de imbéciles, serviles y encantados de serlo.
Soy Charles Bukowski, soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre

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