MUSEO

HAY PLATOS, PERO NO HAY APETITO.
Hay alianzas, pero no amor correspondido,
desde hace al menos trecientos años.

Hay un abanico, ¿dónde está el rubor?
Hay espadas, ¿dónde está la ira?
Y el laúd ni siquiera suena al alba.

A falta de eternidad, han reunido
diez mil cosas viejas.
El mohoso portero dormita apaciblemente,
sus bigotes cuelgan por encima del escaparate.

Los metales, la arcilla, una pequeña pluma de pájaro,
triunfan, callados, en el tiempo.
Sólo se ríe la aguja de la risueña de Egipto.

La corona sobrevivió a la cabeza.
La mano perdió contra el guante.
El zapato derecho venció al pie.

En cuanto a mí, créanme, vivo.
Mi carrera contra el vestido aún continúa.
Y ¡qué terquedad la suya!
Y ¡qué deseos de sobrevivir!

Wislawa Szymborska

Del libro, Sal (1962)
Traducción de Abel A. Murcia.

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