Confesiones de una máquina lectora

Yo, Número Tres Más Cuatro Dividido Entre Siete,
Soy famosa por mi amplio conocimiento lingüístico.
He logrado ya reconocer miles de lenguas,
que a lo largo de su historia
han utilizado personas ya muertas.

Todo lo que escribieron con sus signos,
a pesar de estar cubierto de estratos de catástrofes,
lo extraigo y reproduzco
en su forma original.

No son fanfarronadas:
leo incluso la lava
y hojeo las cenizas.

Explico en la pantalla
todas las cosas citadas,
cuando fueron hechas,
y de qué, y para qué.

Y ya completamente por mi propio impulso
estudio algunas cartas
y corrijo en ellas
las faltas de ortografía.

Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados “sentimientos”
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta.

Lo mismo con “el alma”, palabra rarilla.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.

Sin embargo, mi mayor problema es la palabra “soy”.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un ante tiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo.

¿Pero basta eso como definición?
tengo en las conexiones rugidos y crujir de tornillos.
mi botón para la Central humea en lugar de brillar.

Creo que pediré la ayuda fraternal
de mi colega Dos Quintos De Cero Dividido entre La Mitad.
Es cierto que es un loco conocido,
pero tiene buenas ideas.

Wislawa Szymborska

Del libro: Y hasta aquí
Traducción: Abel Murcia y Gerardo Beltrán

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