el final de una breve aventura

esta vez
lo hicimos de parados
por lo general esta posición
no es la mejor
pero
aparentemente estaba dando
sus resultados

ella:

“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”

todo
estaba
saliendo bien
hasta que ella
saltó
suavemente
y enroscó sus piernas
alrededor de mi cintura

ella:

“¡Ooooh dios mío
tus piernas son
hermosas!”

pesaba sus kilos
y estaba colgada
de mi cuerpo

yo
hacía mi trabajo

cuando acabé
el dolor
me atravesó
la médula
de punta a punta
estallando
en mi cerebro

la dejé caer
sobre el sillón
y comencé a caminar
en círculos
por la habitación

el dolor
estaba ahí
pellizcándome
desde el culo
hasta la nuca

le expliqué
que era mejor
que me dejara solo

que
tenía que revelar
un rollo de película

se vistió
y no la volví
a ver

caminé despacio
hasta la cocina
me serví
un vaso de agua

el dolor explotó
repentinamente
en el interior
de mi cráneo

el vaso
escapó
de mis
manos
haciéndose añicos
en el piso de la cocina

llené la bañadera con agua muy caliente
agregué sales al agua humeante
y luego me metí muy despacio
el calor inundó mi cuerpo
aliviándome

sonó el teléfono
me enderecé
y el dolor me paralizó
mis pies estaban
algo acalambrados

salí
de la bañadera
gateando

rayos multicolores
volaban
dentro de mi cabeza

el teléfono
seguía sonando

levanté
la bocina

¿quién es?

“te amo”
contestó
ella

“gracias”
le dije

“¿sólo eso vas a decir?”

“sí”

“ándate a la chingada”
aulló
y colgó

mi espalda
ya no dolía
tanto

el amor se seca
pensé


se seca aún más rápido
que un charco de semen
en el ombligo de una mujer.

Charles Bukowski

Del libro: Una de las más ardientes y otros poemas.
Traducción: Esteban Moore

*

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