Poema de el digno (No more Mr. Nice Guy Poetry Series)

He estado muy digno: Me he calzado las gafas de sol.
Me he levantado de la mesa (todo ello sin perder ápice de dignidad).
En silencio he pagado la cuenta de ambos (último e inequívoco signo de dignidad).

Ni una sola pregunta escabrosa.
Ninguna queja. Reproche ninguno.
Tan solo un imperceptible asentir de cabeza
y unas pocas palabras conciliadoras como soñadas.
La situación: violenta. Yo: digno.

Caso de que alguien nos hubiera prestado atención
habría pensado para sí: “Ahí le tenemos: La viva imagen de la dignidad”.
Y habría pensado bien: Una actuación más digna no cabe imaginarla.

Hemos salido a la calle.
Las gafas de sol siempre me han caído
de un modo que solo se me ocurre definir como
digno. El beso en la mejilla, ese mi último beso, ha sido tremendo:
[Baste decir que ha estado a la altura de mi despliegue de dignidad precedente.]

A través de las gafas de sol
justo antes de volverme, de comenzar a caminar
he creído percibir acuosidad en sus ojos. Mas podría haberme fijado mal] tan absorto estaba en mi despliegue de compostura; mejor:
De dignidad. Más si se ha visto conmovida por mi actuación
no cabría reprochárselo: Tal era mi dignidad.

Un se acabó así, educado, civilizado
merece una respuesta así: digna, civilizada.
Por Dios ¿No somos acaso gente civilizada?

Si: Civilizados. Fríos como comadrejas.
Con avaricia de viejo podrido guarnámoslos reproches
que piden ser chillados y que a cambio acallamos con implacabilidad carcelaria]
Denegamos al cuello ajeno el apretón mortal que pide y merece.
Al propio, el brazo de la soga que solicita se la llene.

Sí: tan dignos y civilizados
que ni siquiera esos últimos pensamientos compartimos
terminando siempre solos.

Sin apenas mediar palabra
nos volvemos y muy lentamente echamos a andar
en única compañía de unas gafas de sol de dos pies
de cargamentos enteros de dignidad
que amenazan ya con quebrar los hombros.

Sergi Puertas

*

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